La gente olvida las viñetas. Recuerda el momento en que tuvo que decidir.
Por eso funcionan los escenarios: en lugar de decirle a la persona qué hacer, la pones dentro de una situación y la dejas elegir. Bien hecho, un escenario convierte contenido seco en algo que se siente — y lo que se siente, se queda.
Nuestras 4 reglas clásicas para crear escenarios siguen vivas. Esta es la versión actualizada — con un mini escenario para que lo pruebes aquí mismo.
Los escenarios débiles nacen del contenido: "hagamos una historia sobre la política de devoluciones". Los fuertes nacen de un momento: "un cliente quiere un reembolso que no podemos dar — ¿qué le dices primero?"
Busca los momentos donde la gente duda, se equivoca o siente presión. Esa duda es tu guion.
La persona debe mirar al personaje y pensar: ese soy yo un martes cualquiera. Mismo puesto, mismas presiones, misma información incompleta. Cuando el personaje es una caricatura perfecta — o un extraño de otro departamento — la persona observa. Cuando es ella, juega.
Lo peor después de una mala decisión es un párrafo explicando por qué estuvo mal. Lo mejor es ver qué pasa: el cliente se molesta más, la fecha se cae, el compañero se queda callado. Las consecuencias crean esa pequeña punzada que hace que la lección se quede. Explica después — y breve.
Dos o tres puntos de decisión ganan a diez. Recorta toda pantalla que no contenga una decisión o una consecuencia. Si un escenario dura más que un café, dejó de ser una experiencia y volvió a ser un curso.
Treinta segundos, una situación, tres formas de responder. Fíjate en lo distinto que se siente cada resultado.
Un escenario escrito como el de arriba es un gran comienzo. El siguiente nivel es dejar que la gente hable de verdad: interpretar la conversación con un personaje virtual realista que responde, presiona y da retroalimentación — en privado, todas las veces que haga falta.
Para eso nacieron las Simulaciones Sociales de SHIFT: práctica segura para las conversaciones que más importan. Pide una demostración.